La ilusión del mundo 

por Ariadna

portadatexto.png

“Me decía, siguiendo el balanceo de las ramas; los movimientos nunca existen del todo, son pasos intermediarios entre dos existencias, tiempos débiles. Me disponía a verlos salir de la nada, madurar progresivamente, abrirse; por fin iba a sorprender existencias a punto de nacer.” (Sartre, La náusea)

Introducción

 

La ilusión del mundo fue un proyecto en el cual trabajé con elementos como vacío, niebla, trauma, lejanía, fractura, memoria y representación con los cuales describía mi percepción de las cosas. Todo comenzó de forma muy abstracta y poco a poco pude darles forma gracias al análisis de experiencias personales, investigación y haciendo comparaciones entre la forma de entender la vida y la forma de representarla.

Dentro de mi proceso de producción la pintura y el papel albanene fueron representaciones de los males que caracterizan el siglo XXI dejando a la fotografía y al dibujo como soluciones al olvido.

En este breve ensayo hablaré un poco de los temas que me interesan no sólo en el proyecto “La ilusión del mundo” si no en general dentro de mi producción plástica exponiendo reflexiones personales e investigación teórica.

paratexto.jpg

MEMORIA Y TRAUMA

 

Al pensar en mi pasado lo único que encuentro son recuerdos en imágenes de memorias incompletas, me es difícil hacer o tener un juicio de esto por lo mismo. No hay nada claro más que esas imágenes y no todas son momentos que podría considerar cruciales en mi vida, creo que la mayoría no lo son. Son recuerdos de momentos comunes que suceden siempre en primera persona. Mi infancia fue muy básica y neutral pero ya nada es como era entonces, no queda nada que me haga sentir como si pudiera regresar.

El acto de recordar me lleva a hablar acerca de cómo entiendo la memoria, si entiendo la memoria como el contenido, y mí contenido está por fragmentos yuxtapuestos pareciera que hay una falta de estructura en mí. No puedo tener una estructura, nada que me defina lo que soy o cómo llegué hasta donde me encuentro. Nada fue planeado, planear no se me da y me encuentro constantemente confundida, a medias.

No es que anhele extremos, pero tampoco busco algo en específico, es un acto de inercia. Así me educaron, sin decirme cómo se busca o crea un sueño, cómo lograr definirme.

Todo se dio por sentado, la vida se dio por sentado.

Los sucesos y momentos que ocurren son innumerables, fluyen constantemente sin que ningún salto grande o considerable ocurra, si ocurre no se siente como tal. No hay una continuidad lógica entre cada suceso, siento una constante incongruencia entre un momento y otro, entre una etapa y otra.

El problema de pensar y recordar por fragmentos es que pareciera que nunca estás completo, nunca se puede tener nada claro.

Con este proyecto busqué la forma de descifrar todas esas incógnitas en mi vida, sensaciones indefinidas, huecos en mi consciencia. Lo hago a partir de imágenes porque considero que es la única forma en la que me puedo sentir más segura hablando de cosas tan poco definidas y abstractas, quiero descubrir qué es lo que entiendo por vacío, de dónde viene. Me encantaría también poder saber qué hacer con él.

La única forma que tuve hasta ahora de notar esas interrogativas eran mis propias sensaciones de que algo estaba mal, de que algo faltaba y que por mucho que me esforzara siempre me sentía lejana a mis propias experiencias y aún más a las ajenas.

Quería entender todo lo que para mí eran sólo pensamientos revueltos que lo único que los unía era un velo de pesimismo ante el mundo, la contradicción es que no paso la vida desencantada con la realidad en la que vivo es por eso que quería poder definir todo lo que veía, sentía y notaba, quizá esas cosas no eran solo negatividad de mi parte sino algo más grande, algo que no se limitaba únicamente a mi percepción.

 

LO GRIS

 

Un día iba en uno de mis largos trayectos en transporte público, el día era nublado y gris, sobre todo gris porque el cielo, las casas, las calles todo era gris literalmente, la falta de color me hizo notar los lugares por los que pasaba de una forma diferente a como siempre los veía la cual era básicamente no verlos. Ese día tomé muchas fotografías con mi celular, el camión en el que iba, aunque avanzaba muy lento por el tráfico aún se movía así que las fotos eran imperfectas, no planeadas. Me sentí instantáneamente atraída hacia esos lugares de paso, poco notados y considerados que sólo se encuentran en el intermedio de un trayecto ya sea dentro de la ciudad o en carreteras. Espacios suspendidos entre el origen y el destino que no son lo suficientemente importantes para llamar nuestra atención pero que, una vez notados, tienen una fuerte carga visual y simbólica.

Este tipo de lugares me gustan mucho porque cuando los veo siento que en ellos se ve la realidad, no son lugares adaptados para verse bien, para estar a gusto. Esos lugares son el resultado del sincero paso del tiempo, del desgaste, el poco mantenimiento y el olvido.

Me puse a pensar que quizá se pueda representar una ideología de nuestro país a partir de esos lugares, el hecho de que no sean un espacio útil no quiere decir que no tenga una esencia, resultado del poco uso que les damos. El abandono de esos lugares refleja nuestras rutinas diarias, los senderos están marcados, pero podemos describirnos también a partir de esos lugares no transitados, a partir de lo que olvidamos.

En La Cámara Lúcida: nota sobre la fotografía, Roland Barthes explica que en la fotografía existen detalles no intencionales que afectan la imagen independientemente del significado original de la misma a lo que llama el Punctum. El punctum termina invadiendo y afectando nuestra percepción de la imagen retratada dándole un nuevo significado y cambiando nuestra visión de la misma. Esta idea explicada por Barthes se mostró en mis fotografías cambiando por completo la forma en la que veía y entendía no sólo los espacios sino también me hizo notar por primera vez cómo era que entendía el vacío en mi vida diaria. Así, la sensación de vacío se mostró por primera vez en esas fotografías, la falta de color lo hizo más notorio, razón por la cual me apegué a una producción a croma (únicamente en blanco, negro y escala de grises) desde entonces.

 

Lo gris es la forma en como entiendo el curso de las cosas, poco a poco, sutil, a veces borroso. Lo que ocurre cuando ningún cambio se siente lo suficientemente fuerte para modificarlo todo, lo que conozco y lo que busco.


Lo “gris” es importante porque es el punto en el cual todo puede comenzar a ser o morir. Nada es definido. Es un eterno devenir. Lo “gris” es no quererte mover tanto pero el miedo al estancamiento. Es una zona cobarde con sus propios valores, es el momento del trauma.

 

Este acervo de fotografías con múltiples motivos me hizo investigar el trabajo de Gerhard Richter y la forma en la que utilizaba la fotografía. En su proyecto titulado Atlas utiliza su acervo personal de fotografías, imágenes de revistas y periódicos para crear un archivo inmenso en el cual la forma en la que organiza imágenes completamente diferentes entre sí crea distintas lecturas de las mismas. El analizar ese trabajo me hizo entender la forma en la cual es posible crear un discurso a partir de la selección y comparación de imágenes, aunque éstas provengan de distintos momentos y lugares.

FRACTURA

 

“En un lugar sin tiempo… en un tiempo sin el dónde, lo único que puedo hacer es ser…en una vida donde lo que menos tengo es oportunidad de conocer lugares, los creo… con luz, con sensaciones, con espacios, con personas, con momentos…lograr lugares es crear pequeños resplandores de tiempo y espacio, que buscan con su peso dejar una huella en mi vida…recuerdos”

(https://www.instagram.com/mmontor)

 

Ya desde algunos años utilizo el collage como medio para trabajar con todas esas fotografías, me gusta darles forma, completarlas y acentuar sus cualidades al compararlas con otras. La fotografía representa para mí el punto de partida de una idea, el collage es la creación misma de esa idea, se alimenta de otras fotografías, les quita pedazos, les añade otros y así poco a poco el proceso de creación se convirtió en una constante fracturación de las imágenes, situación que me permitía volver a construirlas para generar nuevas realidades visuales. Estas nuevas imágenes resultaron ser una representación de mi identidad creada a partir de recuerdos fragmentados e interrupciones espaciales. De esta forma, trabajar con tantas imágenes se volvió un proceso de ordenamiento y de construcción de mi pensamiento.

Cuando hablo de la fractura en mi trabajo me baso en una cuestión personal, hace algún tiempo al estar observando por la ventanilla del transporte público tuve la sensación de que esa experiencia estaba de alguna forma visualmente fracturada, el continuo ir y venir no solo mío sino de miles de personas que pasan horas en sus traslados diarios se vuelve monótono haciendo fácil distraerse lo que no permite que en realidad podamos observar y apreciar todo el trayecto que recorremos. Debido a esto nuestra experiencia sobre ese paisaje se encuentra fracturado, porque del paisaje sólo notamos ciertas cosas y de forma muy tenue, de las personas sólo recordamos pequeñas impresiones que no durarán mucho en la memoria, así el recuerdo de nuestro traslado diario se convierte en una serie de instantes sucedáneos que no necesariamente están relacionados entre sí y que están destinados a ser olvidados brevemente. 

Dicho de otra forma, experimentamos la realidad de manera fracturada tanto de forma visual como simbólica. Cuando a través de la fotografía logro capturar uno de esos momentos cotidianos, breves en la consciencia y destinados a olvidarse, surge la necesidad de convertirlo en algo más consistente, en una idea o una pregunta que evite que esa experiencia se me escape de la memoria, entonces capturo ese momento o lugar y a través del collage reconfiguro la imagen como medio para crear nuevas realidades de esos recuerdos.

 

La fractura en la imagen representa la fractura experimentada en la realidad, no hay experiencia total. Frederick Jameson al hablar sobre la esquizofrenia en la época posmoderna menciona que nuestra experiencia está formada por “una serie de meros presentes carentes de toda relación con el tiempo” (Jameson: 1995, 62) También Zygmunt Bauman en Tiempos líquidos, vivir en una época de incertidumbres habla de esta situación al explicar lo que él llama “La utopía de los cazadores” en la cual critica el modo de vida consumista y compara nuestra actitud con la de un cazador que toma lo que necesita en ese momento sin procurar ni pensar a futuro. Siendo esa nuestra utopía actual carecemos de dirección y sentido convirtiendo la vida social e individual en una sucesión de meros presentes sin relación con el tiempo, casi como proyecciones de lo ocurrido. Es así como las experiencias se convierten en algo fracturado y lejano que se va desdibujando poco a poco.

LA NIEBLA

 

“Y hay que corroer, y hay que confundir.

Confundir, sobre todo, confundirlo todo.

Confundir el sueño con la vela, la ficción con la realidad, lo verdadero con lo falso.

Confundirlo todo en una sola niebla.” (Unamuno: 2002, 230)

 

 

Algo que me causa mucha desesperación es estar consciente de un círculo vicioso que ocurre en nuestros tiempos el cual consiste en el surgimiento de un nuevo objeto, situación extraordinaria o moda, siguiente por su ilimitada explotación y fama hasta culminar con su olvido.

Zygmunt Bauman en Arte ¿líquido?, Habla de cómo las instituciones y valores producidos son cada vez más cortos, más líquidos. Los deseos, objetos y personalidades se convierten en cuestiones efímeras y desechables. La fugacidad con la que se crea y olvida hace difícil crear vínculos lo suficientemente fuertes, recuerdos, sentimientos, experiencias cotidianas y relaciones humanas se crean en situaciones tan rápidas que, en el caso de no olvidarlas, aparecen borrosas.

Es como ver por la ventanilla de un auto el paisaje de la carretera, nosotros al estar quietos y detrás de una pantalla, por lo rápido que vamos, apenas si logramos percibir el paisaje que, a nuestra percepción, se encuentra inevitablemente borroso.

De la misma forma, lo efímero y rápido de las experiencias hace que éstas se conviertan en un velo en la memoria, una niebla que nos deja ver, pero no definir. Dicho de otro modo, la niebla es esa sensación de lejanía sobre nuestras propias experiencias, respuesta a la rapidez con la que pasan todos los acontecimientos.

En el prólogo del libro de Miguel de Unamuno Niebla, Germán Gullón menciona que Augusto Pérez, protagonista de la historia, refleja el descontento y la desesperación sobre la experiencia de la realidad y cómo participamos en ella siendo completamente impotentes ante las adversidades de la vida. El protagonista es ineficaz para resolver los problemas cotidianos estando la realidad humana en desacuerdo con la realidad vivida, así las descripciones físicas de los personajes y lugares se encuentran borrosas como si se encontraran bajo una espesa niebla.


“La imagen implícita en el título, niebla, sintetiza con eficacia el propósito novelesco de Unamuno: Difuminar los contornos físicos del espacio ficticio, desdibujar lo visible, y que, a su vez, lo intangible sustantivice a lo palpable” (Unamuno: 2002, 18)


La niebla representa la sensación de lejanía que experimentamos en nuestras experiencias diarias ya sea por la fractura o por la rapidez del modo de vida que tenemos. Es una característica de nuestra consciencia y de nuestra memoria, pero también de nuestro entorno. También podemos ser nosotros borrados, desdibujados y anulados por las características del espacio en el que vivimos.

Ésta podría ser otra forma de entender la niebla, una niebla que nos aleja a pesar del constante esfuerzo humano por seguir adelante y nos presenta la duda de qué tan invisibles nos podemos volver en un entorno que se encuentra en constante crecimiento sin planeación. La ciudad no tiene límites concretos, nosotros nos vamos perdiendo entre tanta saturación, tampoco estamos definidos.

 

En el libro La ciudad a lo lejos de Jean Luc Nancy se explica esta situación desde un punto de vista citadino en el cual describe a la ciudad como una unidad flotante que se propaga en todos sentidos de forma indefinida. Esta situación ocasiona que no existan delimitaciones claras entre las actividades y funciones de la existencia social ya que todo se presenta como una totalidad esparcida en donde todo y todos se vuelven indiscernibles, las distancias e individualidades se disuelven, confunden y al final desaparecen. Teniendo en cuenta eso podríamos considerar que la lógica de la ciudad es la de borrar, dejando únicamente representaciones y proyecciones de lo ocurrido siendo esta la razón de cierta sensación de melancolía y vacío. Somos seres escurridizos que vivimos en lugares que dispersan nuestras personalidades indefinidamente, esto hace difícil reconocer el espacio y reconocernos a nosotros. ¿Qué representa el país en donde vivimos? y ¿cómo nos definimos a partir de esa idea?

El VACÍO

 

Cuando se observa con la finalidad de buscar un sentido se pueden encontrar pequeñas fracturas, pequeñas cosas que parecen no encajar. A simple vista puede parecer que la vida en estos tiempos es muy fácil, cómoda y llena de opciones. Todo es permitido, aceptado fácilmente, lo que antes podía ser considerado extraño o del tipo “underground” ahora es completamente asimilado. Es entonces cuando me cuestioné el porqué de cierto pesimismo y apatía generalizados. Claro que yo también había experimentado esa sensación de desencanto en la vida y fue muy tranquilizante saber que no era una cuestión personal de hastío sino de toda una generación y, si me atrevo a decir, de toda una sociedad.

Para entender más sobre el vacío consulte dos autores que tratan el tema dentro de la sociedad contemporánea, uno de ellos es Gilles Lipovetsky, en el libro La era del vacío, ensayos sobre el individualismo contemporáneo habla de la desubstancialización de la vida causada por el exceso de información, de posibilidades y opciones que existen y que a su vez generan cierta indiferencia por la fugacidad y cualidad efímera de las cosas. Los acontecimientos se olvidan rápidamente y las opiniones se dispersan, esta es claramente una condición necesaria para el consumo no sólo de objetos sino también de personalidades, por ejemplo, dentro de los mass media. La saturación, lo efímero y la falta de consciencia o interés sobre el futuro afecta a los individuos al ocasionar “personalidades inestables” las cuales Lipovetsky describe como trastornos narcisistas que consisten en malestares difusos siendo uno de ellos el sentimiento de vacío ya sea en lo público o en lo privado. Dadas estas condiciones pareciera que nos encontramos demasiado solos por el hecho de estar ensimismados, la agresión ya no se da tan sólo en las calles por falta de tolerancia o respeto hacia los demás, sino que se convierte en un ámbito personal en donde esa falta de tolerancia y desesperación es hacia nosotros mismos.

Siguiendo este tema el filósofo Byung-Chul Han en La sociedad del cansancio describe la discreción como una forma moderna de dignidad que consiste en sufrir en silencio la falta de certezas, la pérdida de creencias y la falta de vínculos resultado de una fragmentación social. También explica la existencia de un colapso del yo causado por la sobreabundancia de lo idéntico, el hecho de que pueden existir millones de posibilidades hace que elegir una u otra tenga el mismo grado de importancia haciendo que todo, en general, pierda su valor. El regimiento del vacío es el constante sentimiento de reiteración, estancamiento, desencanto y monotonía, un vacío que no provoca ni tragedia ni apocalipsis, sólo vacío.

Somos parte de una red de personalidades inestables y nebulosas, efímeras como todo lo demás de lo cual nos sostenemos, cuanto más se busca una subjetividad reveladora más vacío resulta el efecto.

 

EL FIN DEL MUNDO

 

“Impulsos marcados por la tensión de un tiempo apocalíptico, roto, casi en mareas opuestas que arrastran sea hacia un incierto futuro, sea hacia un origen difuso” (Argullol: 1991, 54).

 

La apatía hacia la vida, la poca preocupación sobre un futuro o el vacío de las acciones hacen que la idea de un fin no sea tan aterradora, quizá pueda ser incluso una solución al no sentir. Si esta idea se volviera cierta, si estuviéramos en verdad amenazados por un apocalipsis, todas esas amenazas estarían encaminadas hacia algo. Es probable que hasta ese momento podamos sentir miedo de perderlo todo, entrar en pánico y que la ansiedad que sentimos tenga una razón más tangible, esto podría ocasionar quizá tranquilidad, una calma al saber que todo tiene una explicación que no tiene que ver con nuestras propias acciones y estructuras que hasta ahora hemos creado.

 

 

EL RECUERDO A PARTIR DE SU DESTRUCCIÓN

 

“Incluso lo que había olvidado ha vuelto a aflorar en el momento de la destrucción”

(Le Clezio: 2009, 224)


 

Teniendo en cuenta toda esta situación, es difícil saber el papel que juega la memoria dentro de una sociedad que se rige por lo efímero, no podemos confiar en que algo sea lo suficientemente duradero para marcar nuestra experiencia de alguna forma y la consciencia e instintos no se toman en cuenta para crear una historia. Sin embargo, es necesario buscar una forma de construir memorias en base a lo que está ausente. Poner nuestra atención en las faltas y representarlas, en las cosas que están por olvidarse y darles cierta importancia antes de que todo se olvide por completo incluyendo la importancia de recordar.