Dije aunque no me preguntaron

por César Rangel

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Yo, osea ese animal del espejo, hace dibujos, pinturas, esculturas y fotos. Este hacer es un tejido del que puedo señalar tres hilos: -Primero, una estupefacción infundada ante el agua líquida como membrana replicante y torrente. -Luego, ese sinfondo enigmático, fecundo, e insondable en constante tensión y producción copiosa de lo múltiple. Eso que nombramos la vida. Inconmensurable, inanticipable, contingente, monstruosa, maravillante. Esa paradoja. -Por último, El saber inmediatamente material. Los materiales y su soberanía. La facultad physica de éstos capaz de tomar cauces, soluciónes y significados insospechados para emerger como aparición pasmante. Arte: Lo que sirve para no servir. No pertenece a la lógica de la servidumbre. El arte gobierna desde los más irresistibles reductos: la seducción y el encandilamiento. El arte avasalla y libera en tanto que extiende y reduce el mundo a un tiempo. El arte es religioso pues supone un estar ambiguo y simultáneo en la pregunta y la certidumbre, en la ceguera y la clarividencia, en el desamparo y la madriguera, en el canto y el aullido, en la almena y el subsuelo, en la caída y el fundamento, en lo majestuoso y lo mendicante, en el ensueño y la vigilia, en la caricia y el desconsuelo.

 

3 de octubre del año del catarro maligno. San Francisco Tlanepantla otra vez ese animal del espejo.